domingo, 30 de diciembre de 2018

El Tesoro Escondido

Para mí siempre ha sido importante mi cumpleaños. Quizá no celebrar a lo grande, con una gran fiesta, pero sí que se acuerden de mí, que me feliciten, que me abracen, que me consientan. 

Eso ha sido un poco complicado a lo largo de los años, entre otras cosas porque a mi mamá nunca le han gustado los cumpleaños (el año pasado en una conversación me confesó que no le gustaba ni el de ella ni el de los demás). No obstante su disgusto, todos los años me hacía un regalo y me felicitaba y estábamos juntas dentro de lo posible.

Hace un año exactamente, cuando cumplí 59, fue el primer año que mi mamá no pudo recordar mi cumpleaños por su proceso de deterioro cognitivo. Fue duro para mí. Estaba consciente de que lo más probable es que fuera así pero igual me sentí dolida y ese día lloré bastante en casa, después de haber compartido con ella durante el día. Unos días después, no sé cómo, en el ancianato supieron que había cumplido años y me llevaron una serenata a la habitación de mi mamá y me regalaron una galletica. Me emocioné mucho.

Este año, cumpliendo 60, mi mamá no tiene idea de que hoy es mi cumpleaños. Ha ido perdiendo la noción de los días. Hablé con ella y estaba contenta... Así que hoy tomaré la contentura de mi mamá como su regalo de cumpleaños y lo disfrutaré (aunque ella hoy no se acuerde), diferente a como lo hice la última vez.

Ayer justamente leí un poema de Rumi que dice (la traducción es mía, en base a la versión en inglés de Andrew Harvey):
"Destruye tu propia casa, destrúyela ahora.
No esperes ni un minuto más. Tumba toda la casa.
Un tesoro mayor que el del Faraón está escondido debajo de ella.
Ve y construye un millón de casas con ese tesoro
Al final, te guste o no,
tu casa será tumbada y destruida
y el tesoro debajo de ella será revelado.
Pero entonces no te pertenecerá -
Por cuanto sólo puedes poseer el tesoro
si destruyes tu propia casa por ti mismo.
¿Cómo puedes obtener el pago si no has hecho el trabajo?
¿Te imaginas que el Corán habla a la ligera cuando dice,
"Los seres humanos no obtienen nada por lo que no hayan trabajado."

Así que hoy, destruyo mi decisión previa de sufrir porque mi mamá no recuerde mi cumpleaños por el alzheimer, y vivo mi alegría y la que ella tenga por el solo hecho de estar vivas y compartir el día... y además, estoy disfrutando y me siento agradecida con el amor que ha recibido desde muy temprano, de todos mis amigos y familia alrededor del mundo...

¿El tesoro escondido? Liberarme de mi apego al reconocimiento de mi mamá pare ser feliz. En un próximo post compartiré un poco más sobre mi experiencia con el apego.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Solitarios o Solidarios

En este momento que escribo tengo 59 años y soy una mujer productiva.  Cuido a mi mamá que tiene 83 años, con un proceso de deterioro cognitivo y una artrosis galopante. 

Experimenté una tendinitis en el pie derecho, que para este momento ya superé.  Uno de esos días que no podía caminar bien, una de las hermanas del ancianato donde vive mi mamá, me dijo "Señora Leonor será que me va a tocar cuidarla a usted también".  

Esto fue un llamado de alerta para mí.  Primero porque me di cuenta que necesito cuidarme y no excederme, y segundo porque me activó uno de mis mayores miedos: A perder mis facultades y no haya nadie quien me apoye y me cuide.  

Si algo he aprendido a lo largo de estos años, es que tener familia no implica  que van a cuidar a tu familiar y por ende, tampoco a ti.  


No todos asumimos el reto de cuidar a un familiar. Y claro, es una decisión personal.  Cada quien decide si quiere o puede y hasta dónde está dispuesto a comprometerse.

Resentimientos y Miedos Salen a Flote


Cuando nuestros padres y familiares cercanos llegan a mayores, salen a flote los demonios que hayamos vivido en la familia mientras crecíamos y madurábamos como personas:  resentimientos, dolores, miedos, heridas, celos... 


Por supuesto, esto complica la situación porque si por ejemplo, tienes viejos resentimientos con tus padres y te "toca" cuidarlos, podrías sentir toda clase de resistencias y rabias, que tendrán su efecto inmediato, no sólo en tu emocionalidad y bienestar corporal, sino en el trato y la forma como manejes la situación, o en tu decisión de alejarte y dejar el cuidado de tu familiar en manos de otros.

Esto puede ser entre los hijos del adulto mayor, entre los hermanos del adulto mayor, los sobrinos... es decir entre los más cercanos.

También saldrán todas las desaveniencias entre los familiares cada vez que haya que asumir algún compromiso adicional relacionado con el cuidado.
  

Cambia la Dirección de tu Lente y Mírate

No es una situación sencilla de manejar, y para mí, implica estar dispuestos a mirar lo que no nos gusta de nosotros, a "trabajar" con nuestra sombra y aprender a manejar estas emociones que pueden haber estado guardadas o escondidas durante años, y se nos están presentando en este momento, para entre otras cosas, mirarlas y afrontarlas, y poder vivir la situación con un corazón un poco más limpio.

Yo en lo particular, tomé la decisión, después de mi tendinitis en el pie derecho y una lesión muy dolorosa en mi hombro derecho, de trabajar a mi mujer 4x4, que se enfrenta a todo sola, que tiene una extraordinaria fuerza y capacidad para resolver, que le cuesta pedir ayuda y recibirla.  

La cuestión está en que en el camino, que no va a estar libre de obstáculos a superar, nos vamos a encontrar con que las otras personas involucradas en el proceso, también tienen lo suyo.   

Por ejemplo, si estás, como en mi caso, trabajando en tu capacidad para pedir ayuda y te encuentras con una persona que tiene resentimientos o que no es especialmente solidaria, vas a chocar contra una pared.  Por supuesto va a salir tu vocecita de tu 4x4 en tu cabeza que te va a decir "Yo te lo dije. Lo mejor es resolver uno solo."  Esta es una gran tentación, pero es necesario darte cuenta de esa vocecita,  bajar el volumen al "No" que recibiste y buscar otras opciones y otras personas que sí estén dispuestas a apoyarte en lo que necesitas.  

No te voy a caer a embustes. En estos procesos de cuidado, no es que abundan las personas que quieran apoyar de manera solidaria, pero a veces nos llevamos sorpresas con personas que surgen de la nada y sí atienden tu llamado o te ofrecen ayuda sin que se lo hayas pedido.  


Y hay algo además que no solemos mencionar y es que cuando recibes ese "no" puede que la otra persona tenga algún tipo de resentimiento, miedo o traba emocional que le impida tender su mano (generalmente es algo inconsciente).  Obsérvate con atención.  Si notas que te molestas en demasía, comienza a sospechar de ti.  Es posible, que esa persona te esté mostrando tu propio resentimiento o algún miedo no resuelto.  Es una oportunidad que tienes de seguir profundizando en tu trabajo personal e ir limpiando tu corazón.  

La tentación del Juicio

Es muy fácil caer en la tentación del juicio y criticar a la otra persona y ver todos sus defectos e incluso acrecentarlos.  Esto sigue siendo tuyo y no del otro.  Para ser solidarios es necesario ponernos en el lugar del otro, por ende si juzgo al otro por no ser solidario, tampoco estoy poniéndome en su lugar, y al verme siendo poco empática, tengo la oportunidad de trabajarlo y de esa manera serán menores las posibilidades de que otro me lo tenga que mostrar. Recuerda, Antes de JUZGAR a ALGUIEN piensa que cada persona tiene detrás una historia y una razón para ser como es.

No puedes hacer nada ni cambiar al otro, pero sí puedes aprovechar lo que te está mostrando, chequear si tiene que ver contigo y trabajarlo.  


En la medida que cada uno vaya trabajando lo suyo, estaremos en el camino de vivir en bienestar, de manera solidaria, aún dentro de una situación difícil, y de esta manera aplicar nosotros la "regla de oro" en la que Jesús nos dice: "Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos". (Mt. 7, 12)

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Cuidar es un Proceso Conjunto

Hace tres años que tengo conciencia de que mi mamá vive un proceso de trastorno y deterioro cognitivo.  

La he acompañado en todo su proceso y en estos tres años he vivido con ella su deterioro progresivo.  

El deterioro puede ser más lento, pero no se detiene.  Y esa es quizá la parte más difícil de este proceso.  A veces me siento como un dique, resistiendo la fuerza del agua para que no se salga y lo inunde todo.

¿Quiere esto decir que me voy a rendir?

Para nada. Es necesario luchar contra la enfermedad. No sólo por tu familiar, sino por ti mism@, porque en la medida que tu familiar mantenga por más tiempo sus habilidades, en esa misma medida tú también estarás en mejores condiciones emocionales, físicas, mentales y espirituales, disponible para ti y para tu familiar. 

Es importante aprender sobre la enfermedad y sobre las maneras de atender a un enfermo con deterioro cognitivo.     

Ayer por ejemplo, en la sesión de fisioterapia de mi mamá, le pedí a la fisioterapeuta que me enseñara algunas posturas para mover a mi mamá.  Y aprendí por ejemplo que colocar tu pie de frente, punta con punta, verticalmente frente al de tu familiar, para levantarla no es la posición correcta (Esa fue la causa de mi tendinitis en el pie derecho).  Debes colocar el pie de manera horizontal frente al del enfermo para que no resultes lesionada.   

Cambios posturales, una actividad conjunta

Cuando vamos a hacer algún cambio de postura, es conveniente, si la persona aún puede comprender y ayudar, explicarle lo que vamos a hacer y en qué necesitamos que nos ayude. Luego es importante darle las instrucciones de lo que necesitamos que haga, paso a paso y de manera clara.  Esto permite incorporarla a la actividad y contribuye a que se sienta útil, además de que tanto el cuidador, como la persona que está cuidando, se puedan sentir más relajados y el esfuerzo sea menor. 

Vamos a estar claros, para atender un enfermo con deterioro cognitivo es necesario tener fuerza física porque por más que uses las posturas correctas, la persona pesa, y a medida que avanza la enfermedad, está menos disponible para ayudar de manera activa y el peso es aún mayor.

Cuidar es un proceso y un trabajo en equipo

Algo que he aprendido con el tiempo y con la experiencia, es que cuidar a un adulto mayor es un trabajo en equipo.  

Cuidar a un adulto mayor es un proceso, que involucra, por lo menos en mi caso, a mí, que por circunstancias de la vida y por decisión propia, soy la cuidadora familiar principal, mi hermano que contribuye económicamente y enviando pañales y algunos medicamentos, a mis tíos que visitan a mi mamá algunas veces, a Teresa la cuidadora que atiende el área donde está mi mamá en el ancianato y a quien le estaré agradecida por el resto de mi vida por el extraordinario apoyo que nos ha dado, la cuidadora que acompaña a mi mamá durante el día (que hasta ahora ha variado con bastante frecuencia), el señor José, a cargo de la parte mantenimiento eléctrico, plomería y cuanto arreglo haga falta en el ancianato, la hermana encargada de enfermería del ancianato, las postulantas, las señoras que cocinan, la madre superiora a cargo del ancianato.  

Todos somos necesarios para que este proceso funcione. 


Cuando alguno de nosotros no cumple con su parte, no sólo afecta a mi mamá sino a todos los que formamos parte del proceso.  Cuando la cuidadora no asiste o se marcha (la verdad es que esta situación es bastante común, en la realidad que estamos viviendo en Venezuela), eso tiene implicaciones para mi mamá, para mí a nivel personal y para todo el ancianato, ya que me veo en la necesidad de pedir apoyo a la señora Teresa, a la encargada de la enfermería, a las postulantas para que me apoyen.  

Por esto, me siento agradecida con la contribución que cada uno puede hacer, sea presencial o desde la distancia.

domingo, 16 de diciembre de 2018

El Otro Lado de la Moneda



Hace unos días estando con mi mamá, un grupo voluntario de muchachos muy jóvenes, vino al ancianato a cantar canciones y a compartir una merienda.

Aunque mi mamá no se animó a salir y compartir con el grupo, los muchachos se acercaron a su habitación da cantarle en vivo en un compartir íntimo.

Una de las cosas que trajeron fueron unos vasitos con Coca Cola.

A mi mamá siempre le ha gustado muchísimo la coca cola. Hacía varios meses que no había tomado Coca Cola, así que yo asumí que se iba a poner feliz.

Para mi sorpresa, la probó y puso una cara un tanto extraña, como cuando un niño prueba por primera vez algo que no le termina de gustar.

Cuando se fueron todos, le pregunté qué tal le había parecido la bebida, sin mencionar qué era.

Me dijo: "Bueno ¿Parece que es un bebida que tiene algo de gas, cierto? Para ser la primera vez que tomo algo así, no está tan mal."

El corazón se me puso chiquitico al escucharla.

Mi mamá había olvidado no sólo que le encantaba la coca cola, sino que ni siquiera la reconoció, como tampoco la idea general de lo que es un refresco.

Mi primera reacción fue devastadora... Uno de esos momentos en los que me siento aplastada por el avance del alzheimer en mi mamá.

Y entonces, me di cuenta del otro lado de la moneda: mi mamá está teniendo la oportunidad de probar cosas como si fuera la primera vez.

domingo, 12 de agosto de 2018

Infección Urinaria y Demencia en Ancianos

Si algo tienen los procesos de demencia es que por más esfuerzos que hagamos, no se detiene el deterioro.  Puede ser más lento, pero no se detiene y mucho menos se revierte.  Y eso es quizá una de las cosas más difíciles de manejar.  

No hay la esperanza de que la persona vaya mejorando y disminuya el esfuerzo que requieres para cuidarlo porque cada día va perdiendo facultades.  Es como tratar de sostener un dique a punto de ceder.

Cada día, tu ser querido va necesitando un poco más de ti.  Y a veces hay un salto, un avance repentino de la enfermedad, y de la misma manera inmediata, necesitas aprender nuevas formas para poder atenderlo y atenderte a ti. 

Se pueden presentar enfermedades dentro del proceso de enfermedad que es la demencia.  Un ejemplo de ello son las infecciones urinarias o respiratorias.  Hoy me voy a referir a las infecciones urinarias.

Quiero compartir esta experiencia porque las infecciones urinarias, en el caso de personas mayores y en este caso con algún tipo de deterioro cognitivo (demencia vascular, alzheimer, parkinson etc.), son algo que es difícil de identificar e incluso de manejar.   

Si bien cuando somos jóvenes las infecciones urinarias son sencillas de detectar porque los síntomas son claros, como el ardor, el mal olor de la orina, dolor al orinar o fiebre, en el caso de personas mayores con deterioro cognitivo, estos síntomas no se presentan de la misma manera.





Cuando un anciano tiene infección urinaria, lo que vamos a "ver" son cambios en la conducta.  Vamos a notar que se agudizan algunos de los problemas tales como:  


  1. Agresividad hacia los demás, 
  2. Confusión, 
  3. Intranquilidad o ansiedad, 
  4. Dolor (en el caso de mi mamá le aumentaron los dolores en las articulaciones y experimenta dolores musculares), 
  5. Cansancio y apatía, 
  6. Algunas alucinaciones, 
  7. Malestar general (podrías pensar que agarró un virus), empeoramiento de la incontinencia de costumbre,
  8. Dificultad para realizar las actividades de la vida cotidiana, 
  9. Desgano para hacer cualquier actividad, 
  10. Mal humor, 
  11. Dificultad para dormir.  
Pudiera parecer que la infección aparece "de la noche a la mañana", cuando en realidad es un proceso progresivo, por lo cual resulta difícil de diagnosticar.  Los síntomas de comportamiento van apareciendo paulatinamente, sin que sepamos qué es.  En mi caso me preguntaba que podía estar pasándole a mi mamá e incluso fuimos al geriatra porque ella misma decía que "ni yo misma me aguanto".  

En esta ocasión, no le hice los exámenes antes de ir al médico y como no había ninguna otra cosa, el médico tampoco nos lo pidió.  Pasaron tres semanas y un buen día amaneció mi mamá postrada en la cama sin poder hablar, sin poder coordinar los movimientos de manos y piernas, sin poder sentarse derecha, sin poder comer sola, sin poder ponerse de pie y mantenerse de pie, sin poder caminar, totalmente desorientada, con la mirada perdida.  En fin, parecía que hubiese tenido una especie de infarto en el cerebro, y de pronto, al final del día le dio algo de fiebre.  Sólo en ese momento fue que me di cuenta que podía ser una infección.  

Por supuesto, de una vez procedimos a hacerle los exámenes de sangre y orina.  Aquí me quiero detener un poco porque la experiencia fue  bastante dura.  Con el examen de sangre no hubo ningún problema, pero con el de orina, fue imposible tomarle la muestra.  Como parte de esta misma situación del cambio en la conducta, y producto seguramente del malestar, durante todo el día se negó a orinar en la poceta portátil con recipiente.  

Esto lo menciono porque en conversaciones con otras cuidadoras, compartieron conmigo que les había pasado lo mismo con la toma de la muestra de orina.  

En este caso, en el examen de sangre salió que había un infección y los síntomas del mal olor y el color oscuro de la orina eran tan evidentes, que el médico entonces procedió a mandarle un tratamiento para la infección urinaria.

Apenas le dimos la primera toma, a las 12 horas comenzaron algunas mejorías y a las 24 horas era notoria la recuperación.  Comenzó a hablar, a abrir los ojos, a tener un poco más de fuerza en el cuerpo, disminuyó un poco la confusión, comenzó a sentarse un poco más derecha...

Esto no quiere decir que ya todo esté resuelto.  El tratamiento es necesario cumplirlo el número de días que indique el médico.  

Recuperación

Si bien, los síntomas van cediendo y la persona mayor va mejorando de manera sostenida, en la fase de recuperación puede suceder, como en el caso de los niños cuando se están recuperando de una enfermedad menor, que el anciano quiera que le sigan dando la comida en la boca, que le cambien los pañales en la cama sin tener que ir al baño, que lo complazcan con la comida, se puede hacer el que todavía no puede caminar o valerse por sí mismo.  Es decir, que como los niños, se ponen malcriados.  

Es muy importante darnos cuenta de que esto también tiene que ver con nosotros, porque en la medida que sentimos alivio porque está mejor, y vamos superando el miedo que nos dio creer que tenía un retroceso violento de la enfermedad de demencia, también somos menos firmes y estamos más expuestos a que nos manipulen.

La primera vez que pasé por este proceso con mi mamá, estuve un poco más de un mes dedicada por entero a su recuperación, entre otras cosas por todas esas situaciones de malacrianza y manipulación.

Esta segunda vez, para mí, seguramente producto de la primera experiencia, fue obvia la manipulación para conmigo, sobre todo con el tema de ir al baño caminando y con la comida.   

A mí en lo particular la malacrianza y la manipulación me producen mucha molestia y me resulta muy desgastante, sobre todo porque en esta situación, vienes de varios días cargando a la persona, sosteniéndo todo su peso porque no se puede sentar, cargándola para llevarla al baño, sin poder dormir bien y otras situaciones que producen desgaste físico y emocional.  

Esta vez logré mirarme y darme cuenta de cómo yo misma estaba siendo cómplice de esta manipulación.  Fue muy obvio.   Pude ver cómo al llegar a su habitación ella estaba con las piernas cruzadas viendo televisión, animada, contenta.  No habían pasado 10 minutos y comenzó con los malestares, el desánimo, etc.  Hablé con la cuidadora y me manifestó, al igual que la Hermana del ancianato, que mi mamá estaba muchísimo mejor y que estaba alegre.

Esta vez tomé la decisión de no exponerme a situaciones como el cambio de pañal, el baño o la comida.  Me puse de acuerdo con la cuidadora para que mientras dure la recuperación de mi mamá, ella sea quien se ocupe de las actividades cotidianas de baño, etc. aunque yo esté ahí.  Como decía mi abuela, "mapurite sabe a quién pee".  

Hoy comienzo a probar esta forma diferente de manejar la recuperación de mi mamá de un evento de infección urinaria, en la cual ella seguramente se recuperará más rápido al no tener manera de manipular para seguir como la "viejita enferma" y al mismo tiempo me cuido yo del desgaste que me produce seguir atendiéndola como si aún estuviéramos en emergencia.

viernes, 29 de junio de 2018

Elegir un Cuidador para el Adulto Mayor

Voy a compartir algo de mi experiencia para seleccionar un cuidador. 

A medida que el adulto mayor va perdiendo algunas facultades, que pueden ser de movimiento, de coordinación, cognitivos, va requiriendo mayor atención, y ello nos plantea la necesidad, ya sea de que nosotros mismos nos dediquemos de lleno a atenderlo o de que contemos con una persona que esté con él o ella, para apoyarlo en sus actividades, que pueden incluir: 


  • Ayuda para bañarse y/o vestirse 
  • Ayudarl@ con la andadera cuando se cansa 
  • Acompañarl@ al baño cuando identifica que quiere hacer alguna necesidad
  • Compartir con él/ella cuando está comiendo.  En algunos casos, dependiendo de las habilidades que aún tenga el adulto mayor, podrá requerir que le den la comida.
  • Proponerle actividades recreativas relajantes, de estímulo cognitivo tales como escuchar música, ver una película, hacer sopas de letras o tal vez pintar un mandala...  de acuerdo con las habilidades y gusto de cada un@
  • Llevarl@ y/o apoyarl@ en actividades colectivas de la institución, si es el caso

Encontrar a la persona adecuada, va variando conforme avanza el proceso de envejecimiento del adulto mayor.  Son diversos los factores que necesitamos tomar en consideración:

Agradable para el Adulto Mayor


Es muy importante que escuches lo que te dice el adulto mayor en cuanto a qué siente y cómo reacciona, ya que será quien esté recibiendo toda ese energía del cuidador y quien compartirá con esa persona día a día.  De hecho, puedes hacerle daño si en algún momento contratas a alguien con quien tu adulto mayor no siente buena conexión, ya que emocionalmente implica una carga que en nada beneficia su proceso de salud y bienestar.

Honesto


No sé si les habrá pasado, pero si algo produce angustia y desgaste es el hecho de estar permanentemente pendiente de si falta algo (pañales, medicamentos, ropa, lencería, detergente, comida y un largo etc.).  La honestidad no se refiere únicamente a que no robe, sino también que cumpla su horario, que esté pendiente de algún cambio en el anciano y lo comunique al familiar. Igual es necesario estar pendientes, pero si no tienes un mínimo de confianza en que tu cuidador es honesto, tu propia vida será un infierno.

Puntual


Este es un elemento muy importante ya que entre otras cosas el cuidador es una parte de un equipo; no trabaja solo ni está solo. Por ejemplo, si tu familiar mayor está en una casa hogar, como es el caso de mi mamá, el cuidador es parte de todo un equipo que incluye otros cuidadores que prestan su servicio a la casa hogar; además, se interrelaciona con el adulto mayor, que requiere que se cumplan y se mantengan las rutinas, ya que eso le ayuda a sentirse seguro y estable.  

Si un día el cuidador llega a las 9 y otro a las 11 y otro a las 10:30, al adulto mayor le falta la rutina que necesita para sentirse estable.  La incertidumbre afecta de manera negativa al adulto mayor.  

Debemos mantener presente que cuando, por ejemplo hay deterioro cognitivo, como en el caso del alzheimer y las demás demencias, los cambios impactan sobre la emoción y la conducta del adulto mayor, ya que si el cuidador es impuntual en su hora de llegada, ello tendrá un impacto directo por ejemplo sobre la higiene del adulto mayor, ya que depende de esta persona para bañarse, para cambiarse los pañales y la ropa.

Positivo y Amoroso


Esto vale para todos los cuidadores, no solamente para el que contrates sino para ti también.  Cuando estás con el adulto mayor, sobre todo si éste vive un proceso de deterioro cognitivo, es necesario evitar compartir con él/ella tus rabias, tus malas experiencias en la calle o con otras personas (desde tu rabia o tu angustia) ya que ello lo afecta directamente. 

El adulto mayor será tu espejo.  Cuando veas que está teniendo una actitud de rechazo, o que se ponga depresivo de repente, chequea qué está pasando contigo. Lo más probable es que le estés reflejando tu propia emoción y no te estés dando cuenta.  Un cuidador, por ejemplo, no puede darse el lujo de llegar a despotricar de lo que le pasó en la calle o a contarle con lujo de detalles sus problemas de su vida cotidiana, como por ejemplo, las peleas con los hijos, o que la hayan atracado en la calle o que no tenga qué comer, o que no consiga efectivo.  Eso lo puedo compartir con otras personas pero no con el adulto mayor que está cuidando.

Fuerza Física y Autorregulación


Atender una persona mayor supone un desgaste físico y emocional.  Implica esfuerzo físico, levantar a una persona, trasladarla de un lugar a otro, aun cuando la persona aún pueda moverse.  Implica esfuerzo físico y también emocional, bañar a una persona.  Implica esfuerzo acompañar a una persona mayor a caminar a su velocidad.  Esto implica que la persona que cuide a un adulto mayor necesita tener fuerza física y estar en buenas condiciones físicas.  


Estas actividades, aunadas a la exposición emocional, requieren que el cuidador sea capaz de autoregularse y autocuidarse, de manera que no sufra del llamado "síndrome del cuidador quemado", que consiste en que el cuidador se vaya sintiendo cada vez más agotado e incluso pueda llegar a enfermarse.  Una de las señales de que podemos estar en presencia de este agotamiento, es que empezamos a sentir rabia y rechazo hacia el adulto mayor.


Buena Escucha  


Esto vale tanto para su relación con el adulto mayor como con el o los familiares que l@ contrataron y con los que tiene relación.  El cuidador no puede perder de vista que se debe a su cliente, que es el adulto mayor y su familiar.  Esto es muy importante.  Hay cuidadores que pretenden y sienten que son los que mandan y esto es como vivir en un mundo al revés.  


Como cuidador, es necesario escuchar lo que te expresa el adulto mayor sobre sus gustos a la hora de recibir apoyo para bañarse (por ejemplo si quiere bañarse con la regadera o con recipiente o con la temperatura del agua, o en relación a la delicadeza con al cual debes enjabonarlo), para saber la cantidad de azúcar que llega una bebida o comida, la ropa que se quiere poner ese día.... Para todo esto, el cuidador necesita escuchar.  

Igualmente debe escuchar al familiar que lo contrata, ya que éste conoce y tiene una relación afectiva con el adulto mayor y además es el que le dirá cuáles son sus funciones y responsabilidades en su trabajo.


Comunicativ@





Es muy importante que el cuidador se comunique de manera clara con el adulto mayor.  Igualmente, requiere saber comunicar al familiar a cargo, si hay algún cambio o malestar por parte del adulto mayor, de manera que pueda resolverse antes de que se convierta en una emergencia.





Con vocación de servicio


Una persona tiene vocación de servicio cuando siente pasión y está convencida de que lo que hace como actividad profesional es.  Cuando hablamos de servicio, nos referimos a una orientación hacia servir al otro.  Entonces un cuidador con vocación de servicio es aquél que siente pasión y está convencido de que atender y apoyar al adulto mayor es su camino y su misión y por ende lo hace de manera empática y amorosa.


Formación

En mi experiencia, hasta el momento, aún no he contratado un cuidador con la formación como cuidador, sino a personas que de alguna manera, tienen experiencia y la inclinación hacia el cuidado de otros.  En este momento, estoy justamente, comenzando a buscar una persona que tenga la formación como cuidador, entre otras cosas porque a medida que avanza el deterioro cognitivo, siento que quien cuide a mi mamá debe tener la preparación y conocimiento de cómo tratarla.  

La formación no implica que la persona sea amorosa, paciente, tenga vocación de servicio o sea honesta, por lo que no podemos confiarnos en sólo un certificado o referencias.  Igual necesitamos considerar el paquete completo a la hora de decidir.


Paciente



La paciencia, cuando hablamos de cuidado al adulto mayor, está directamente relacionada con otros factores que ya hemos hablado, como tener vocación de servicio y ser amoroso, ya que la paciencia viene de adentro, del amor incondicional.  


Amor Incondicional


No es fácil hablar del amor incondicional.  Para mí es difícil expresarlo con palabras.  De hecho, me he preguntado últimamente, cómo me sentiría y si sentiría ese amor al atender a una persona mayor que no fuera mi familia. 

Hasta ahora mi experiencia ha sido cuidando a mi mamá, y si bien, también cuidar a tu familiar, implica que afrontes las dificultades y desaveniencias que hayas tenido a lo largo de los años con tu familiar, y ello requiere un trabajo personal de tu parte, atender a un desconocido desde el amor incondicional es algo aún más exigente y requiere un corazón abierto.


domingo, 29 de abril de 2018

Cada Instante Cuenta

El deterioro cognitivo de mi mamá es un reto a mi disponibilidad aquí y ahora, sin escapes, sin vericuetos ni salidas de emergencia y también es un reto a mi capacidad de observación y aprendizaje.  

A medida que mi mamá va desaprendiendo, olvidando, yo he ido buscando caminos diferentes para acceder a ella y se ha abierto una puerta inmensa al contacto y a la comunicación corporal, aprendiendo a leer sus señas con las manos, o su expresión facial o la postura de su cuerpo, o sencillamente sentirla en toda su dimensión al quedarnos acostadas una al lado de la otra acurrucadas, sintiendo nuestras tibiezas, yo dándole purruños y ella a veces devolviéndomelos y otras sólo recibiendo. 

Nos quedamos en silencio sin nada más que nuestras dos almas, que de alguna manera saben que el tiempo de las palabras cada día está más cerca de su fin.

Tanto a mi mamá como a mí siempre nos ha costado mucho pedir.  Y ésta está siendo una oportunidad, dura, de ir aprendiendo.  

Mi mamá ahora me pregunta qué viene después, en lo inmediato, literalmente el siguiente paso y en esos momentos me doy cuenta de lo útil que me resulta mi habilidad para dar instrucciones claras y una prueba a mi quedarme presente en el aquí y en el ahora. 

Yo estoy aprendiendo a pedir a personas de mi entorno, algunas veces familias y otras a amigos e incluso extraños, para que me apoyen, ya sea para conseguir un medicamento, para ubicar una persona que la pueda cuidar, para encontrar centros de cama o tal vez alguna fruta o comida que a mi mamá le guste.  

Y es que ésta es una oportunidad para echar mano a todas nuestras habilidades, las de ella y las mía, algunas de uso cotidiano y otras guardadas en el baúl de los recuerdos.  



En este momento su línea de tiempo se está volviendo borrosa y piensa por ejemplo que hay canciones que escuché con ella cuando ella era niña, y me la oportunidad de compartirlas en este hoy.  



Eso me permite ir haciendo una especie de registro de las músicas que le gustaban cuando era muy jóven, tal vez niña o adolescente, de manera que a medida que vayamos perdiendo la opción verbal, tengamos la música para conectarnos desde el placer.  La memoria musical es una gran puerta afectiva... y es que quizá la memoria que más permanece en el tiempo de este gran deterioro, es la memora afectiva, la memoria corporal de los afectos.

Acompaño a mi mamá desde hace varios años y cada día me reafirmo en mi decisión, lo que incluye desde resolver temas de medicamentos, pañales, toallas para incontinencia, comida, ropa, zapatos... hasta la conexión más profunda de conocernos, de admirarnos y molestarnos y volvernos a mirar.  Mi decisión no tiene vuelta atrás.  

Esta es una vivencia y una oportunidad para conectarnos, compartir, encontrarnos como quizá no lo habíamos logrado en mis 59 años como hija y sus 59 como mamá y aún en la enfermedad, que tampoco tiene vuelta atrás, nos estamos sanando. 

Y en este proceso cada instante cuenta y es una carrera contra el olvido.

Importancia de visitar a los ancianos con deterioro cognitivo

Podrías creer que un anciano (familiar o amigo) con deterioro cognitivo no se da cuenta de su entorno o de quiénes están presentes en su vid...